PASEOS CON LOS VECINOS

El paseo consistió en unos recorridos en los que los vecinos nos guiaron en el descubrimiento del barrio, para rescatar toda aquella información que escapa a la vista del forastero y con la que se pretende destacar  los acontecimientos mínimos y lo cotidiano. Se formaron cinco grupos, cada uno compuesto por participantes al taller y vecinos. Los primeros tenían el papel de empujar el paseo hacía el objetivo fijado, a través de una guía de preguntas consensuadas precedentemente y que pretendían incidir en tres ejes de investigación, directrices de la acción de mapeo: los aspectos físicos (forma, entorno, limites), los culturales (las historias de vida) y los políticos (el proceso de realojo y a sus actores). También se utilizaron fotos e iconos para ir apuntando sobre mapas reducidos del barrio, las informaciones recopiladas.

Valentín

“En el barrio sólo había pequeñas aceras delante de las casas y había inundaciones cuando llovía. Arrastraba todo, tierra, piedra y matorrales. El acceso al Poblado de Absorción lo llamábamos ‘el callejón de la muerte’ porque era muy peligroso. El tendido eléctrico de las instalaciones era aéreo y las antenas no estaban bien consolidadas, a veces había problemas, aquello parecía las fallas. En el bloque 87 hubo una explosión debido a las deficiencias del cableado. Por la noche no había luz y usábamos las fuentes públicas, porque el agua se cortaba continuamente”.

“Las tiendecitas nacieron con el Poblado de Absorción, ahora no queda nada, sólo la farmacia, la lleva la misma señora. Cuando no teníamos Centro de Salud la farmacéutica Pilar hacía de asesora sanitaria. Un día a la semana venía el dentista a pasar consulta.”

Jesús

Jesús es ebanista-carpintero y tiene 77 años. Lleva 55 años en su casa en el Poblado de Absorción. Ahora quedan en el poblado él y su mujer, sus dos hijos se han ido a vivir a Paracuellos del Jarama. Tienen plantas y un jardín cuidado. Recogen cosas de la basura que acumulan fuera, y de ahí sacan leña para la estufa. “Cuando se hizo era un lujo, comparado con las chabolas”.

Se quedan los que son familiares de los antiguos inquilinos o los que tienen problemas con la propiedad. “Un señor vivió 35 años aquí y pagaba a nombre de la señora que había muerto”.

Roberto

“Yo me muevo por todo el barrio, soy del barrio de Canillas. Para mí no hay límites claros, más allá de la Carretera de Canillas está el barrio de San Lorenzo, a la derecha el barrio se extiende hasta la M40, más allá de la calle Nápoles está el barrio del Conde Orgaz, y hacia el otro lado el barrio de Arturo Soria.”

“De pequeño jugaba en muchos sitios del barrio, nos gustaba juntarnos entre los bloques, había una zona un poco más grande rodeada de los bloques que nos gustaba. En algunos momentos puntuales se produjeron enfrentamientos.”

“A veces sí que pasaba por las calles del solar, pero sólo para ir al colegio. Tampoco era una zona tan problemática, había un par de familias con algunas historias más complicadas pero no era generalizado. A mí no me daba miedo pasar por ahí, pero como mis amigos vivían en los bloques no jugaba por esas calles mucho.”

Jacinto y Conchi

Jacinto tenía parras y disfrutaban el patio, sobre todo en verano [...] comían y cenaban allí: “Los patios eran más grandes que los de ahora y permitían más intimidad, pero el patio de ahora, es pequeño, expuesto a la mirada de los vecino [...] ¡Mejor no tenerlo y que hubieran hecho una habitación abajo!”

“Es increíble que desde hace seis años los solares estén urbanizados sin hacer nada [...] el barrio está hecho una pena”. “La asociación de vecinos no funciona bien [...] No da la cara por el barrio. En su momento eran más fuertes”.

Carrasco y Merino

“Nos realojaron en las casa azules, pero en el realojo no han mantenido las unidades vecinales con las que hemos convivido durante muchos años, por lo cual hemos dejado mucho de relacionarnos desde el realojo.”

“Las viviendas de realojo son más aisladas [las suyas no tienen ventana a la calle], en cambio las casas de antes tenían más relación con la calle. Además, no son aptas para gente mayor como nosotros […] que no queremos vivir en casas de dos plantas.”

“Los arreglos los hacemos y los pagamos nosotros […] y no debería ser así ¡Ya que estamos de alquiler! No somos propietarios. Sería mejor, porque así nos sentimos inseguros, pero no hay casas para comprar en el barrio. Mis hijos han tenido que abandonar el barrio.”