A una hora en metro del centro de Madrid, el PAU de Vallecas se encuentra atrapado entre la planificación de un Plan General que pretendía desarrollar urbanísticamente todo el suelo disponible en el municipio de Madrid y una crisis financiera mundial que ha parado en seco la construcción masiva de viviendas que ha caracterizado la última década en España. Un trozo de ciudad a medio construir que se encuentra en espera. Esperando el fin de la crisis o la llegada de los miles de habitantes que faltan por llegar a lo ya construido.

Los espacios públicos del PAU de Vallecas adolecen del mismo problema de gigantismo en su planificación y diseño que sufren las operaciones equivalentes del Norte y suroeste de la ciudad: viales de anchura desproporcionada, espacios públicos desiertos la mayor parte del día, un extenso parque periférico que lo separa de la naturaleza colindante y una gran cantidad de infraestructuras de circulación con enormes espacios de protección alrededor. En el caso del PAU, esta ausencia de carácter se ve agravada por la gran cantidad de solares destinados a equipamientos que se encuentran sin construir. Este vacío (estructural, de pobladores y de usos) puede ser considerado como un espacio de experimentación que puede llegar a configurar un tipo de paisaje urbano “otro”, parte efectiva de lo que Giles Clement llama “el tercer paisaje” o el proyecto de investigación de la Universidad de Sheffield un “urban wildscape”. Parte de una red de espacios reapropiados, ocupados por la vegetación ruderal que está por venir.